El primer valor, que descubrimos que el Espíritu nos pone al frente, es el “Encuentro con el Señor Jesús y visión sobrenatural”. Expresado en la cita: «Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna» Jn 6,68.

Con este valor, queremos volver a declarar que, lo central para la vida de un emevecista es el encuentro personal con el Señor Jesús, que lo alimenta a través de los medios que la Iglesia nos da: los sacramentos y la oración. Por esto promovemos la oración personal y comunitaria en sus diversas expresiones.

Siendo conscientes que la iniciativa es de Dios, reconocemos que cada uno experimenta esa llamada de una manera muy particular, que Él habla a cada uno según quién es, mostrándole Su rostro, que este encuentro es desde el corazón[1], que es anterior a cualquier método o forma de oración, y que estamos invitados a comunicar este rostro a los demás. Esto es lo que le da el verdadero sentido a nuestras vidas.

Así mismo, declaramos importante tener una visión sobrenatural de la realidad que  se da a partir de una visión de fe, que se cultiva en el encuentro personal con Dios y en la profundización de la Sagrada Escritura y el Magisterio.

Para ello es importante aplicar el discernimiento espiritual a las diversas decisiones importantes de la vida y apostolado. Lo que significa que, en nuestras planificaciones, reuniones y apostolado personal, la oración forme parte constitutiva.

Este primer valor es la base para todos los demás valores, dándoles una perspectiva correcta de comprensión. De su vivencia brotará la esperanza cristiana, fruto de la confianza en la gracia y nos ayudará a trazar nuestros objetivos sin prescindir de la voz de Dios, a no ser autorreferentes, activistas, y a abrirnos a la gracia.

 

[1] Queremos aquí señalar el concepto bíblico de “corazón”.